Diario de una Reina sin Trono ni Corona... donde según el perfume con que amanezca o me abrace la noche, los poemas, los cuentos, haikus, cartas y otras tantas cosas irán tomando un sitio propio en un mundo diferente: El Mío

miércoles 12 de marzo de 2008

EL ODIO TAMBIÉN SE PEGA, COMO LA COSTUMBRE DE TOMAR MATE…

Odiaba a Davidoff.
Mónica siempre lo odió, desde que tuvo uso de razón.


Esa mañana había transcurrido con un poco de ajetreo. El negocio de Mónica estaba rebosante de gente, casi no había espacio y Mónica estaba fuera de sí, yendo de acá para allá y dando órdenes a sus empleadas.
En cierto momento apareció el semblante de Davidoff a través de los cristales de la oficina de trastienda. Yo permanecía sentado tomando mi café frente a Mónica y ella se encontraba de espaldas a los cristales de la oficina, por lo que no pudo ver la llegada del menospreciado hombrecillo.
Le hice señas y con la delicadeza de un gato ella se dio vuelta para ver quién había llegado.
Con un rosario de improperios a boca cerrada, se levantó y lo invitó a pasar saludándolo cordialmente (aunque reconozco que el brillo de sus ojos era aterrador y me imagino que no fui el único que notó ese detallito).
El hombrecillo (Davidoff) era conocido desde la infancia de Mónica y si no recuerdo mal hasta fueron juntos al colegio, al secundario y a la universidad, pero por alguna extraña razón Mónica lo odiaba.
Él había venido para hablar con ella y le pidió hablar a solas, pero Mónica le dijo cortésmente que lo que tuviera que decir podía hacerlo frente a mí ya que yo era su mejor amigo, casi un hermano.
En un primer momento él se negó pero como Mónica no cedía se resignó y comenzó a hablar de unos cheques. No recuerdo los pormenores de la discusión pero recuerdo que mi amiga estaba fuera de sí y la pelea concluyó cuando Mónica, mi dulce y querida Mónica, cerrando el puño y con toda su fuerza le sacó tres dientes a nuestro ya más odiado Davidoff.
Terminamos en el hospital, y Mónica tuvo que pagar los arreglos dentales del infortunado y odiado Davidoff y tras un tiempo prudencial (unas cuantas semanas) me decidí a preguntarle a Mónica cuál era el motivo por el cual odiaba tan fervientemente a ese pobre hombre.
Ella me dijo lo siguiente: “Ervo, no lo odio a él, odio su falta de dignidad, el poco entusiasmo por la vida, esa actitud que tiene de estar siempre agazapado para dar un golpe, su bajeza, su inteligencia mal usada, todo eso odio, pero no lo odio a él.”
Me quedé en el aire y le dije que me parecía que realmente lo odiaba a él pues todas esas cualidades o defectos, según como se mire, formaban parte de él. Me dijo que no, e insistió en que odiaba sus actitudes y no a él. Yo no pude comprender y ella lo notó por lo que cambió de tema.
Y yo sigo preguntándome: ¿cómo es que se pueden odiar las actitudes de una persona sin odiar a la persona misma? Porque digo: las primeras forman parte de la segunda, ¿cómo se separan? ¿De qué forma piensa Mónica, disocia o discrimina, que puede separar las actitudes de la persona propietaria de las mismas?

¿?

Me encontré con Davidoff un tiempo después y le noté una sonrisa más que perfecta (solventada por la imprudencia de Mónica) y de cierto modo, al cruzar dos palabras irrelevantes con él me di cuenta que yo también lo odiaba pero no sabía por qué.

El odio también se pega, como la costumbre de tomar mate…



7 Comentarios en mi mundo:

Wilhemina Queen dijo...

Pero claro, siempre queda la posibilidad de despegarse del odio, eh??

Disfruta de Ervo, comienza a divertirse... (creo!!!)

TOROSALVAJE dijo...

No creo que se pueda separar al ser humano de lo que odiamos de él.

O sí?

Besos.

Wilhemina Queen dijo...

Pues no sé.
Parece que Mónica sabe hacerlo.
Habría que pedirle a Ervo que se explaye un poco más al respecto.

un abrazo!

Jerusalem dijo...

Siempre se ha dicho que del amor al odio hay un paso... No creo que vayan nunca por separado.

Besos

Wilhemina Queen dijo...

HAbrá que ver cómo sigue la historia



un abrazo!


JAVIER AKERMAN dijo...

El odio no forma parte de nuestra naturaleza humana, pues todos "odiamos el odio" de una u otra forma. El odio es un veneno del alma. Sentir desagrado por alguien o algo no es odiar, odiar es matar los sentimientos propios también. Además el odio puede enseñarnos el verdadero camino hacia el amor.
Un beso.

Wilhemina Queen dijo...

Opino igual Javier, evidentemente a Mónica le sucede algo extraño. Eso de disociar la persona de lo que siente por ella, en fin
veremos qué sucede con este personaje en la historia de Ervo

Besotes Javi!

REAGLO DE BARBARITA

REAGLO DE BARBARITA
TE QUIERO MUCHO MI REINITA!