viernes, 8 de septiembre de 2006

Hoy te digo adiós para siempre.

He decidido que no vale la pena tanta amargura. Que el dinero te sirva para comprarte medicamentos o compañía cuando seas vieja. Ni con todo el dinero del mundo se puede comprar el amor, los hijos, la familia, ni la amistad. Aún no aprendiste eso.

Yo he aprendido varias cosas de todo lo que ha pasado y me he fortalecido.

Que Dios te acompañe en la vida y ojalá que puedas ser feliz.

Yo sigo mi camino, un camino bien diferente al tuyo y lejano también.