lunes, 19 de mayo de 2008

HOY ESCRIBO DESDE LA ALEGRÍA


La tarde florece en los campos verdes,
la bruma se disipa en lagos azules,
el silencio se desvanece con tus ojos,
y me siento como el ave libre en el cielo.

En los árboles se divisan margaritas,
y el cielo embriagado de amor te llama.
Las almas no naufragan en el mundo,
se desprenden de toda su tristeza.


La luna sonríe, rayos de estrellas,
anillos de luz, el nacimiento de un niño,
alegría y certezas, caricias y dulzura,
y una blanca y luminosa melodía…


El viento susurra tu nombre en los trigales
y un tallo reverdece bajo la sombra de una flor.

Epílogo 1

Hay tanto vacío algunos días, tanto que de tanto es rutina insoportable. Sin sonidos, sin detalles, sin el calor del abrazo del amante. Y las sensaciones flotan, y allí se quedan: flotando, como botes a la deriva en un mar bravo. ¡ay, si yo pudiera cortar ese hilo invisible que las mantiene encadenadas a mi alma con grilletes de pesadumbre azul! (Sería feliz de olvidar algunas cosas…) Huellas tatuadas en sepia algunas, otras coloridas, alguien que se marchó dando un portazo y al final, un compendio de llantos de derrota. En la noche la centella parte el cielo tormentoso; el escalofrío de tu ausencia, como un rayo, parte el tronco de mi femineidad y al comienzo del amanecer mis ojos turbios te recuerdan llegando al epílogo de mi vida.