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miércoles, 30 de abril de 2008

CAPERUCITA ROJA de CHARLES PERRAULT


Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita Roja.
Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.
—Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.
Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:
—Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.
—¿Vive muy lejos?, le dijo el lobo.
—¡Oh, sí!, dijo Caperucita Roja, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.
—Pues bien, dijo el lobo, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.
El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.
—¿Quién es?
—Es su nieta, Caperucita Roja, dijo el lobo, disfrazando la voz, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.
La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:
—Tira la aldaba y el cerrojo caerá.
El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.
—¿Quién es?
Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:
—Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.
El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:
—Tira la aldaba y el cerrojo caerá.
Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:
—Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.
Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
—Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
—Es para abrazarte mejor, hija mía.
—Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
—Es para correr mejor, hija mía.
Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
—Es para oír mejor, hija mía.
—Abuela, ¡que ojos tan grandes tiene!
—Es para ver mejor, hija mía.
—Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!
—¡Para comerte mejor!
Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.



MORALEJA

Aquí vemos que la adolescencia, en especial las señoritas, bien hechas, amables y bonitas no deben a cualquiera oír con complacencia, y no resulta causa de extrañeza ver que muchas del lobo son la presa. Y digo el lobo, pues bajo su envoltura no todos son de igual calaña: Los hay con no poca maña, silenciosos, sin odio ni amargura, que en secreto, pacientes, con dulzura van a la siga de las damiselas hasta las casas y en las callejuelas; más, bien sabemos que los zalameros entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.



CHARLES PERRAULT
(FRANCIA, 1628-1703)



PEQUEÑOS CONSEJOS PARA SER...UN POCO MÁS FELICES

Si te vas a calentar, que sea al sol. Si vas a engañar, que sea a tu estómago, o al menos por tu felicidad. Si vas a llorar, que sea de alegría. Si vas a mentir, que sea sobre tu edad. Si vas a robar, que sea un beso. Si es para perder, que para perder el miedo. Y si tienes hambre, que sea de amor. Si es para ser feliz... ¡Que sea todo el tiempo!!!

Hechos sobre los que debemos reflexionar:

1. Por lo menos 5 personas en este mundo te aman, tanto, que darían la vida por ti. Que no lo veas no significa que estén ahí.

2. Por lo menos 15 personas en este mundo te quieren de alguna manera.

3. La única razón por la que alguien te pudiera odiar es porque quiere ser como tú. Si es porque le has hecho daño...repáralo, es la mejor medicina para el alma.

4. Una sonrisa tuya puede traer felicidad a cualquiera, aunque no le caigas bien o no te conozca.

5. Cada noche, alguien piensa en ti antes de dormir.

6. Para alguien significas "el mundo".

7. Si no fuera por ti, alguien no estaría vivo probablemente.

8. Eres especial y único, en lo bueno y en lo malo.

9. Alguien que no sabes ni siquiera que existe, te ama.

10. Cuando piensas que cometiste el error mas grande del mundo, algo bueno viene de ese error si reflexionas sobre él y decides intentar no volver a cometerlo.

11. Cuando pienses que no tienes oportunidad de conseguir lo que quieres, probablemente no lo tendrás, pero si crees en ti mismo, tarde o temprano lo tendrás o al menos la satisfacción del camino intentado.

12. Siempre recuerda los cumplidos que has recibido. Olvida los malos, son un "veneno".

13. Di siempre lo que sientes por él o ella, te sentirás mucho mejor después de que lo sepa.

14. Si tienes un gran amigo, tómate tu tiempo para hacerle saber lo grande que es.

15. Haz cada día un acto desinteresado por alguien. No alardees de ello. Guárdalo en tu corazón y goza interiormente de la felicidad que has proporcionado.

Envía estos consejos a toda la gente que aprecies. No tendrás buena suerte ni el amor tocará a tu puerta en dos minutos, pero le iluminarás el día a alguien y, probablemente, hasta puedas cambiarle la perspectiva que tiene acerca de la vida a una mucho mejor.
Recuerdo que hace años, un joven paciente me comentó en la consulta: "Estaba desesperado, tenía la firme intención de suicidarme y no creía en nada ni en nadie. Una noche, en medio de mi desesperación, recibí una llamada de un amigo mío que no veía desde hacía años. Simplemente me dijo que me llamaba para que supiese lo mucho que significaba para él, pues años atrás, unas palabras de ánimo que yo ni recordaba haberle dicho, fueron el bálsamo curativo a una crisis existencial muy fuerte por la que estaba pasando. Emocionado, finalizó con estas palabras: Gracias amigo, eres la mejor persona que he conocido, y esa sencilla expresión de sincero afecto me hizo salir del pozo de la desesperación y probablemente me salvó la vida".
Nunca olvidaré la historia de este paciente.
Queridos amigos y amigas, ¡que sencillas son las mejores soluciones!

UN SACAPUNTAS MUY RARO...

ACASO INSPIRADOS POR “LA SENSACIÓN DIARIA DE LOS ARGENTINOS”

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