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domingo, 28 de enero de 2007

ESPERO UNA SEÑAL


Dedicado a Migdalia
con el amor entrañable de una gran amistad.

YO ESPERO UNA SEÑAL EN EL SUEÑO QUE SE VUELVE INSOMNIO, TAMBIEN ESPERO QUE ESOS DIAS QUE DECLARAN SIN GRAMÁTICA DESAPAREZCAN PARA RETORNAR A LA REALIDAD VERDADERA Y NO A LA QUE IMAGINO...AQUELLA PÁGINA MUSTIA DONDE ALGUNA VEZ SE ESCRIBIERON VERSOS DE AMOR, ES POSIBLE, SÍ, QUE ALGUNA VEZ VOLVAMOS A ENCONTRARLA PARA SUMERGIRNOS EN AQUEL AMOR VIVIDO Y DISFRUTADO...

Inspirado en CONTRASEÑAS
de Migdalia.

viernes, 26 de enero de 2007

CUENTO INDIO: Si dañas te dañas

Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.

-Madre -dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?

Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:

-Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.

-Pero, madre -se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.

Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.

-Hijo mío -dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?

-Así fue, madre -repuso Kartikeya.

-Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.

El Maestro dice:

Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes,

te dañas a ti mismo.

Se presenta la apatía


Llueve y el día se presenta horripilante.
Debo llevar a cabo mis tareas pero lo haré casi sin ganas, sin deseos, diría que hasta con apatía.
Los ángeles me cuidan aunque a veces pienso que me han abandonado.
Dejaré por hoy los malos pensamientos. El día no ayuda a ser feliz, pero el corazón necesita la sonrisa.
Mis deberes me llaman. Seguiré aquí mañana, como todos los días.

lunes, 22 de enero de 2007

Arcángel METATRON

Arcángel Metatrón:

En el segundo Mundo, Briah, habitan los Arcángeles, y en Kether es al Arcángel METATRÓN el que preside sobre todos los demás.

También conocido como: Matatetrón, Merratón, Metaraón.
COLOR: Blanco brillante puro.
SU NOMBRE SIGNIFICA: El Gran Maestro, el Gran Instructor. “Metatrón” deriva del griego “meta thronon” que indica literalmente: junto o lado del trono de Dios.
Sin embargo, “Metatrón” significa: mensajero.
Él es la vestidura de Al Shaddai, la manifestación visible de Dios. Todopoderoso.
SU NÚMERO ES: 314.

Es el que rige a los otros Arcángeles del Universo que a la vez rigen sobre los cuerpos celestes y sobre todas las evoluciones que moran en ellos. Él preside sobre el Árbol de la Vida y sobre Kether. Se le conoce como el Príncipe de las Fases, el Príncipe de los Rostros, el Ángel de la Presencia, Príncipe del Mundo, El Shaddai, el Omnipotente y Todopoderoso, el Mensajero y Shekina. Es el Príncipe de los Príncipes de las Fases Divinas, etc.

Metatrón, según una leyenda, es el Patriarca Enoc, y lo colocan como el autor del libro apócrifo que lleva el nombre de este profeta, escrito un Siglo A.C. Por este motivo, a Metatrón se le menciona como el escriba divino, el que anota todas las instrucciones de Dios para la humanidad. Se le identifica también como el Ángel de los Registros Akáshicos o Archivos Divinos. También se le identifica como el Ángel de la Muerte o de la Luz. Todas estas correspondencias lo relacionan con los Lipika, o los Cuatro Ángeles del Karma de la filosofía Hindú. Otra leyenda narra que cuando Dios le encarga que escriba los principios y normas para la humanidad, Metatrón se convierte en un severísimo Ángel con treinta y seis alas cubiertas de plumas cubiertas de 365.000 ojos. También se le identifica como el que condujo a los judíos durante el Éxodo de Egipto hacia la Tierra Prometida, por lo que se le relaciona con Jehová. Se identifica como al Ángel que en el cielo instruye a los niños que mueren prematuramente. Se dice que es el Ángel de mas estatura; tan alto como lo fue Adán antes de perder su estado de gracia. Por esto se le relaciona con Adam Kadmon, el Hombre Celeste, el Hombre Perfecto; como lo fue Adán antes de caer en la materia.

Otros relatos indican que la estatura de Metatrón solo se equipara con la de su hermano gemelo, Sandalphon; o con la de Anafiel, o con la del Profeta Elías. En el Zohar, Metatrón es la vara de Moisés que produce vida y muerte.

Más información en:
http://www.lacasadelosangeles.com.mx/arcangelmetatron.htm

Pensamientos

Si pudiera matar con el pensamiento ya habría un par de gentes menos en este puto mundo.
Mi reino sigue en pie, pese a la "Yegua", y así va a seguir.
Y pronto llegará la hora en que yo, WILHEMINA QUEEN, haré justicia y todo volverá a su lugar, cada quien a los suyo y cada fiambre a su heladera.
He dicho.

miércoles, 17 de enero de 2007

UNA FOTO HERMOSA

Este es mi ángel protector.


MUNIE

HACE TIEMPO QUE NO ESCRIBO

Hola,

hace mucho tiempo que no escribo nada aquí y han pasado muchas cosas.
Una "Reina Perdida", negra de alma y ladina, desapareció un poco, se ha mandado una y mil cagadas, sigue jodiendo con brujas y brujos, magos, hechiceros y espíritus perdidos en el universo, pero así y todo, ni pudo ni podrá con mi reino.
Así en este momento la cosa se pone interesante, porque la "Reina Perdida" no va a querer pagar ninguna de sus deudas, o las querrá pagar en módicas cuotitas [risas], y a esta reina que ni es negra ni está perdida se le está acabando la paciencia.

Falta poco...

Saludos desde un remoto rincón que no se sabe bien si está en el cielo o en el infierno o tal vez en medio de ambos...

martes, 2 de enero de 2007

Primera carta a un joven poeta - Rainer Maria Rilke

París, 7 de febrero de 1903.



Muy distinguido señor:


Hace sólo pocos días que me alcanzó su carta, por cuya grande y afectuosa confianza quiero darle las gracias. Sabré apenas hacer algo más. No puedo entrar en minuciosas consideraciones sobre la índole de sus versos, porque me es del todo ajena cualquier intención de crítica. Y es que, para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices.

Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holló palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura.

Dicho esto, sólo queda por añadir que sus versos no tienen aún carácter propio, pero sí unos brotes quedos y recatados que despuntan ya, iniciando algo personal. Donde más claramente lo percibo es en el último poema: "Mi alma". Ahí hay algo propio que ansía manifestarse; anhelando cobrar voz y forma y melodía. Y en los bellos versos "A Leopardi" parece brotar cierta afinidad con ese hombre tan grande, tan solitario. Aun así, sus poemas no son todavía nada original, nada independiente. No lo es tampoco el último, ni el que dedica a Leopardi. La bondadosa carta que los acompaña no deja de explicarme algunas deficiencias que percibí al leer sus versos, sin que, con todo, pudiera señalarlas, dando a cada una el nombre que le corresponda.

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?". Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor, rehuya. Al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura, para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que le rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni háy tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá como su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro. si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen

por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.

Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera. Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil : en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.

¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted - se empeñase en mirar hacia fuera; esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas, que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.

Fue para mí una gran alegría el hallar en su carta el nombre del profesor Horacek. Sigo guardando a este amable sabio una profunda veneración y una gratitud que perdurará por muchos años. Hágame el favor de expresarle estos sentimientos míos. Es prueba de gran bondad el que aun se acuerde de mi, y yo lo sé apreciar.

Le devuelvo los adjuntos versos, que usted me confió tan amablemente. Una vez más le doy las gracias por la magnitud y la cordialidad de su confianza. Mediante esta respuesta sincera y concienzuda, he intentado hacerme digno de ella: al menos un poco más digno de cuanto, como extraño, lo soy en realidad.


Con todo afecto y simpatía,

Rainer Maria Rilke.
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