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11 jun 2013

Mis Consejos Para La Vida N° 11


CONSEJO 11
Ayuda siempre a todos los seres que te necesitan
By Verónica Curutchet

Mis Consejos Para La Vida por Verónica Curutchet

27 ene 2013

Mis Consejos Para La Vida N° 9



Piensa antes de hablar y cuando hables

hazlo con honestidad y delicadeza.



por Verónica Curutchet
para El Mundo de Wilhemina Queen

20 oct 2012

Mis Consejos Para La Vida N° 6






Cada vez que tengas oportunidad
dile a tus amigos cuánto los quieres.
A veces las reiteraciones son muy buenas.


by Verónica Curutchet


♥ Visitame también aquí ♥ Jadín Haikú: El Arte de Vivir el Instante

1 jul 2012

Mis Consejos Para La Vida N° 5


La vida es muy corta para despertarse
con remordimientos
Quiere a la gente que te trata bien
Olvida a los que te tratan mal
La vida pone a cada uno en su lugar
Piensa que todo llega y todo pasa
por una razón
Si tienes una segunda oportunidad ¡TÓMALA!
Nadie dijo que la vida sería fácil,
solamente nos dijeron que el viaje
valdría la pena....
¡VIVE!
¡DEJA VIVIR!
¡Y SE FELIZ!




Si quieres ver la imágen en su tamaño original cliquea sobre ella.

8 dic 2011

Mis Consejos Para La Vida Nº 2

Consejo 2


Ve al gimnasio o haz alguna actividad física, hace bien al cuerpo y al espíritu ¡y mejorará muchísimo tu vida sexual!


© por Verónica Curutchet


7 dic 2011

Mis Consejos Para La Vida Nº 001

Estos consejos son pequeños momentos de inspiración o de luz donde encuentro una respuesta a una pregunta, a una situación, a un anhelo, a un sueño,  ¡LA VIDA!
Puedes tomarlos  o dejarlos. Si te sirven ¡genial! y si no, habremos compartido unos minutos de vida en este mundo mío. ¡Gracias por estar allí!


Consejo 1 

Sonríe, que una sonrisa abre todas las puertas e ilumina 
a quienes tienen la suerte de verte sonreír.

© por Verónica Curutchet



23 mar 2010

CUENTACUENTOS: Juego de Sombras de Hermann Hesse

La amplia fachada principal del castillo era de piedra clara y sus grandes ventanales miraban al Rin y a los cañaverales, y más allá a un paisaje luminoso y abierto de agua, juncos y pasto donde, más lejos aún, las montañas arqueadas de bosques azulados formaban una suave curva que seguía el desplazamiento de las nubes; sólo cuando soplaba el Foehn, el viento del Sur, se veía brillar los castillos y los caseríos, diminutas y blancas edificaciones en la lontananza. La fachada del castillo se reflejaba en la corriente tranquila, alegre y frívola como una muchacha; los arbustos del parque dejaban que su verde ramaje colgara hasta el agua, y a lo largo de los muros unas góndolas suntuosas pintadas de blanco se mecían en la corriente. Esta parte risueña y soleada del castillo estaba deshabitada. Desde que la baronesa había desaparecido, todas las habitaciones permanecían vacías, salvo la más pequeña, en la que como antaño seguía viviendo el poeta Floriberto. La dueña de la casa era la culpable de la deshonra que había recaído sobre su esposo y sus dominios, y de la antigua corte y de los numerosos y vistosos cortesanos de antaño ya nada quedaba excepto las blancas y suntuosas góndolas y el versificador silencioso.

El señor del castillo vivía, desde que la desgracia se había abatido sobre él, en la parte trasera del edificio, donde una enorme torre aislada de la época de los romanos oscurecía el patio angosto, donde los muros eran siniestros y húmedos, y las ventanas estrechas y bajas, pegadas al parque sombrío de árboles centenarios, grupos de grandes arces, de álamos, de hayas.

El poeta vivía en total soledad en su ala soleada. Comía en la cocina y a menudo transcurrían muchos días sin que viera al barón.

-Vivimos en este castillo como sombras -le dijo un día a uno de sus amigos de la infancia que había acudido a visitarlo y que no resistió más de un día en las inhóspitas habitaciones del castillo muerto. Antaño, Floriberto se había dedicado a componer fábulas y rimas galantes para los invitados de la baronesa y, tras las disolución de la alegre compañía, había permanecido en el castillo sin que nadie le preguntara nada, sencillamente porque su ingenuo y modesto talante temía mucho más los vericuetos de la vida y la lucha por el sustento que la soledad del triste castillo. Hacía mucho tiempo que no componía ya poemas. Cuando, con viento de poniente, contemplaba más allá del río y de la mancha amarillenta de los cañaverales el círculo lejano de las montañas azuladas y el paso de las nubes, y cuando, en la oscuridad de la noche, oía el balanceo de los árboles inmensos en el viejo parque, componía extensos poemas, pero que carecían de palabras y que nunca podían ser escritos. Unos de estos poemas se titulaba «El aliento de Dios» y trataba del cálido viento del sur, y otro se llamaba «Consuelo del alma» y era una contemplación del esplendor de los prados primaverales. Floriberto era incapaz de recitar o de cantar estos poemas, porque no tenían palabras, pero los soñaba y también los sentía, en particular por las noches. Por lo demás solía pasar la mayor parte de su tiempo en el pueblo, jugando con los niños rubios y haciendo reír a las muchachas y a las mujeres jóvenes con las que se cruzaba, quitándose el sombrero a su paso como si fueran damas de la nobleza. Sus días de mayor felicidad eran aquellos en los que se topaba con doña Inés, la hermosa doña Inés, la famosa doña Inés de finos rasgos virginales. La saludaba con gesto amplio y profunda inclinación, y la hermosa mujer se inclinaba y reía a su vez y, clavando su mirada clara en los ojos turbados de Floriberto, proseguía sonriente su camino resplandeciente como un rayo de sol.

Doña Inés vivía en la única casa que había junto al parque asilvestrado del castillo y que antaño había sido un pabellón anexo de la baronesa. El padre de doña Inés, un antiguo guarda forestal, había recibido la casa en compensación por algún favor excepcional que le había hecho al padre del actual dueño del castillo. Doña Inés se había casado muy joven regresando al pueblo poco después convertida en una joven viuda, y vivia ahora, tras la muerte de su padre, en la casa solitaria, sola con una sirvienta, y una tía ciega.

Doña Inés siempre llevaba unos vestidos sencillos pero bonitos, y siempre nuevos y de suaves colores; seguía teniendo el rostro juvenil y fino, y su abundante y morena cabellera recogida en gruesas trenzas ceñía su hermosa cabeza. El barón había estado enamorado de ella, antes incluso de haber repudiado a su mujer de costumbres disolutas, y ahora volvía a estarlo. Se encontraba por las mañanas en el bosque con ella, y por las noches la llevaba en barca por el río a una cabaña de juncos en los cañaverales; allí, su sonriente rostro virginal descansaba contra la barba prematuramente encanecida del barón, y los dedos finos de ella jugaban con la dura y cruel mano de cazador de él.

Doña Inés iba todas las fiestas de guardar a la iglesia, rezaba y daba limosna para los pobres. Visitaba a las ancianas menesterosas del pueblo, les regalaba zapatos, peinaba a sus nietos, las ayudaba en las labores de costura y, al marchar, dejaba en sus humildes cabañas el suave resplandor de una joven santa. Todos los hombres la deseaban, y al que fuera de su agrado y llegara en buen momento le concedía, además del beso en la mano, un beso en los labios, y el que fuera afortunado y bien parecido podía atreverse, cuando llegara la noche, a escalar su ventana.

Todo el mundo lo sabía, incluso el barón, pese a lo cual la hermosa mujer proseguía en total inocencia y con mirada sonriente su camino, como una muchachita ajena a cualquier deseo de un hombre. De tanto en tanto, aparecía un amante nuevo, que la cortejaba discretamente como a una belleza inaccesible, henchido de orgullo y de felicidad por la valiosa conquista, asombrado de que los demás hombres no se la disputaran y le sonrieran. La casa de doña Inés se levantaba apacible junto al lindero del parque siniestro, rodeada de rosales trepadores y aislada como en un cuento de hadas, y allí vivía ella, entraba y salía, fresca y tierna como una rosa una mañana de verano, con un resplandor puro en su rostro de niña y las pesadas trenzas aureolando su cabeza de finas facciones. Las ancianas pobres del pueblo la bendecían y le besaban las manos, los hombres la saludaban con profunda inclinación y sonreían a su paso, y los niños corrían hacia ella tendiéndole las manitas y dejándose acariciar en las mejillas.

-¿Por qué eres así? -le preguntaba a veces el barón amenazándola con mirada severa.

-¿Acaso tienes algún derecho sobre mí? -respondía doña Inés con ojos asombrados y jugando con sus trenzas morenas.

Quien más enamorado estaba era Floriberto, el poeta. A él el corazón le daba brincos cuando la veía. Cuando oía algún comentario malévolo sobre ella, sufría, sacudía la cabeza y no le daba crédito. Si los niños se ponían a hablar de ella, se le iluminaba el rostro y prestaba el oído como si escuchara una canción. Y de todos sus sueños, el más hermoso consistía en soñar despierto con doña Inés. Entonces lo adornaba con todo, con lo que amaba y con lo que le parecía hermoso, con el viento de poniente y con el horizonte azulado, y con todos los luminosos prados primaverales, que disponía a su alrededor; y en ese cuadro introducía toda la nostalgia y el cariño inútil de su existencia de niño inútil. Una noche, a principios de verano, tras un largo período de silencio, un soplo de vida nueva sacudió la torpeza del castillo. El estruendo de un cuerno atronó en el patio donde penetró un coche que se detuvo entre chirridos. Se trataba del hermano del barón que venía de visita, un hombre alto y bien parecido, que lucía una perilla puntiaguda y una mirada enojada de soldado, acompañado por un único sirviente. Se entretenía bañándose en las aguas del Rin y disparando a las gaviotas plateadas para pasar el rato. Iba con frecuencia a caballo a la ciudad cercana de donde regresaba por las noches, borracho, y también hostigaba ocasionalmente al pobre poeta y se peleaba cada dos por tres con su hermano. No paraba de darle consejos, de proponerle arreglos y nuevas dependencias, de recomendarle transformaciones y mejoras, que nada representaban en su caso, ya que él nadaba en la abundancia gracias a su matrimonio, mientras que el barón era pobre y no había conocido más que desdichas y sinsabores durante la mayor parte de su vida.

Su visita al castillo se debía a un capricho que ya le empezó a pesar al cabo de la primera semana. No obstante se quedó y no dijo ni palabra de marcharse, pese a que a su hermano la idea no le habría disgustado en absoluto. Y es que había visto a doña Inés y había empezado a cortejarla.

No pasó mucho tiempo y, un día, la sirvienta de la hermosa mujer lució un vestido nuevo, regalo del barón forastero. Y al cabo de otro poco, ya recogía junto a muro del parque los mensajes y las flores que le entregaba el sirviente del mismo barón forastero. Y tras unos pocos días más, el barón forastero y doña Inés se encontraron un hermoso día de verano en una cabaña en medio del bosque y él le besó la mano, y la boquita menuda y el cuello tan blanco. Pero cuando doña Inés iba al pueblo y él se cruzaba con ella, entonces el barón forastero la saludaba con una profunda reverencia y ella le agradecía el saludo como una muchacha de diecisiete años

Volvieron a transcurrir unos días, y una noche que se había quedado solo, el barón forastero vio una nave con un remero y una mujer deslumbrante a bordo que descendía la corriente. Y lo que su curiosidad en la oscuridad no pudo saciar le quedó confirmado con creces al cabo de unos días: aquella a la que había estrechado contra su corazón a mediodía en la cabaña del bosque y a1 que había encandilado con sus besos surcaba las oscuras aguas del Rin por las noches en compañía de su hermano y desaparecía con él en los cañaverales.

El forastero se volvió taciturno y tuvo pesadillas. Su amor por doña Inés no era como el que se siente por un trofeo de caza apetecible sino como el que se siente por un valioso tesoro. Cada uno de sus besos lo colmaba de dicha y de asombro, asustado de que tanta pureza y tanta dulzura hubieran sucumbido a su reclamo. Con lo que a ella la había amado más que a otras mujeres, y junto a ella había recordado su juventud, y así la había abrazado con ternura, agradecimiento, y consideración a la vez. A ella que, cuando llegaba la noche, se perdía en la oscuridad con su hermano. Entonces se mordió los labios y sus ojos lanzaron destellos de ira.

Indiferente a todo lo que estaba sucediendo e insensible a la atmósfera de velada pesadumbre que se cernía sobre el castillo, el poeta Floriberto seguía llevando su apacible existencia. Le disgustaban las vejaciones y tormentos ocasionales del huésped del castillo, pero de antaño estaba acostumbrado a soportar escarnios de este tipo. Evitaba al forastero, se pasaba el día entero en el pueblo o con los pescadores a orillas del Rin, y se dedicaba a fantasear vaporosas ensoñaciones en el calor de la noche. Y una mañana tomó conciencia de que las primeras rosas de té junto al muro del patio del castillo empezaban a florecer. Hacía ya tres veranos que solía depositar las primicias de estas insólitas rosas en el umbral de la puerta de doña Inés y se alegraba de poder ofrecerle por cuarta vez consecutiva este modesto y anónimo regalo.

Aquel mismo día, a mediodía, el forastero se encontró con la hermosa doña Inés en el bosque de hayas. No le preguntó dónde había ido la víspera y la antevíspera a la caída de la noche. Clavó su mirada casi horrorizada en los ojos inocentes y apacibles y, antes de irse, le dijo:

-Vendré esta noche a tu casa cuando anochezca. ¡Deja la ventana abierta!

-Hoy no - respondió suavemente ella -, hoy no.

-Pues vendré.

-Mejor otro día. ¿Te parece? Hoy no, hoy no puedo.

-Vendré esta noche. Esta noche o nunca. Haz lo que quieras.

Ella se separó de su abrazo y se alejó.

Al anochecer, el forastero estuvo al acecho del río hasta que cayó la noche. Pero la barca no se presentó Entonces se encaminó hacia la casa de su amada y se ocultó detrás de un matorral con el fusil entre las piernas.

El aire era cálido y apacible. Los jazmines perfumaban la atmósfera y tras una hilera de nubecitas blancas el cielo se fue llenando de pequeñas estrellitas apagadas El canto profundo de un pájaro solitario se elevó en e parque.

Cuando ya casi era noche cerrada, giró con paso taimado un hombre junto a la casa, casi furtivo. Llevaba el sombrero profundamente hundido sobre los ojos, pero estaba todo tan oscuro que se trataba de una precaución inútil. En la mano derecha llevaba un ramo de rosas blancas que proyectaban una claridad apagada en la noche El que estaba al acecho agudizó la mirada y armó el fusil

El recién llegado alzó la mirada hacia las ventanas de las que no brillaba luz alguna. Entonces se acercó a 1a puerta, se agachó y estampó un beso en el picaporte metálico de la puerta.

En ese instante surgió la llama, se oyó un estampido seco que el eco repitió suavemente en las profundidades del parque. El portador de las rosas dobló las rodillas, después cayó hacia atrás y tras unos breves espasmos silenciosos quedó tumbado de espaldas en la gravilla.

El que estaba al acecho permaneció todavía un buen rato oculto, pero nadie apareció y tampoco nada se movió en la casa silenciosa. Entonces salió con prudencia de su escondite y se agachó sobre la víctima de su disparo, que yacía con la cabeza descubierta pues había perdido el sombrero en su caída. Compungido, reconoció con asombro al poeta Floriberto.

-¡Así que él también! -se lamentó alejándose

Las rosas quedaron esparcidas por el suelo, una de ellas en medio del charco de sangre del poeta. En el campanario del pueblo sonó la hora. El cielo se cubrió de nubes blancuzcas, hacia las que la inmensa torre del castillo se alzaba como un gigante que se hubiese dormido erguido. La corriente perezosa del Rin cantaba su dulce melodía y, en el interior del parque sombrío el pájaro solitario siguió cantando hasta pasada la medianoche.

HERMANN HESSE
(Alemania, 1877-1962)

9 jul 2009

DESDE EL BLOG DE JAVIER : DIEZ CONSEJOS DEL DALAI LAMA.

"DIEZ COSAS QUE PUEDES HACER PARA MARCAR LA DIFERENCIA."

CONSEJOS DEL DALAI LAMA

1. Haz oraciones de aspiración. Hacemos oraciones de aspiración por todos los seres sintientes. Esto debería incluir también a la Tierra, que nos mantiene y nos da vida. Podemos rezar por un mundo más armonioso donde los humanos reconozcan cómo sus acciones han dañado a la Tierra, y por que cambien este comportamiento.

2. Lee, discute y desarrolla un entendimiento de asuntos medioambientales y cómo te afectan, a tí y a tu comunidad.

3. Hazte vegetariano. No solo practicarás compasión por todos los seres sintientes, sino que reducirás los recursos naturales que utilizas. Se necesitan unos 100.000 litros de agua para producir un kilo de carne de ternera, y tan solo 750 litros para producir un litro de trigo.

4. Vive de forma sencilla. Practica tus votos de Vinaya* y vive de forma tan sencilla como te sea posible, sin posesiones innecesarias.

5. Educa a la gente sobre los valores ecológicos. Siempre que sea posible, cuenta historias de tradiciones budistas que ilustren la armonía entre la gente y la naturaleza.

6. No te limites a amontonar basura. Recoge tus desechos y deshazte de ellos adecuadamente.

7. Usa menos papel. Se cortan un montón de árboles para producir papel. Incluso decisiones sencillas, como imprimir por las dos caras de la misma hoja, ya son un gran paso.

8. Usa menos plástico. Usamos bolsas de plástico durante unas pocas horas, a menudo durante apenas unos minutos. Sin embargo, se necesitan más de 500 años para que una bolsa de plástico se biodegrade del todo en el vertedero.

9. Cuando hagas ofrecimientos, hazlos saludables. Compra fruta mejor que dulces, y plantas enteras en lugar de cortar flores.

10. Apaga el interruptor: Si una luz o un aparato eléctrico está encendido y nadie lo está usando, apágalo.

* Votos de Vinaya: Los votos reservados a los monjes.

Puedes ver también:

www.tantrayana.blogspot.com (El futuro del Budismo, según Sogyal Rinpoché).

30 sept 2008

COMO CALMAR LAS EMOCIONES NEGATIVAS por Dr. JAVIER AKERMAN


[Pinchando en el título de esta entrada llegas directo al blog de Javier.NO TE LO PIERDAS!]

Estimados amigos:
Os adjunto unos sabios consejos del maestro y escritor budista vietnamita Tich Nhat Han para “Aplacar el miedo”, así como el odio y otras emociones destructivas. Realmente al leerlos nos damos cuenta de la inmensa necesidad de llevarlos a la práctica en este mundo convulso y violento.
Que lo disfrutéis.

· El odio no es una persona.
· Esta en el corazón.


Los malentendidos, el miedo, la ira y el odio son las raíces del terrorismo. Los militares no pueden localizarlo. Ni las bombas y los misiles alcanzarlo, y menos aún destruirlo, ya que el terrorismo anida en el corazón de los seres humanos. Para erradicar el terrorismo hemos de empezar mirando en nuestro propio corazón.

Meditación de conciencia.
Alegría por atención plena
.

En la meditación la práctica básica consiste en ser conciente a cada momento de la vida cotidiana. Cuando estas enojado, sabes que estás enojado. Cuando la energía de la atención plena ha surgido en ti a causa de tu práctica cotidiana, tienes la suficiente calma y visión como para reconocer, aceptar, observar las cosas profundamente y comprender tu sufrimiento.


Sufrimiento por injusticias.
Fanatismo por dios.

En todas partes la gente sufre por unas causas muy parecidas: injusticias sociales, discriminación, miedo y fanatismo. El fundamentalismo está presente en un montón de países. Hay mucha gente que cree que el dios al que veneran es el único verdadero y que se comporta como si ellos fueran los únicos hijos de dios y como si las vidas de los demás valieran menos que las suyas. Quieren que dios bendiga a su propio país sobre todo y que no bendiga a los que ellos creen que encarnan el mal.

Terrorismo está en el corazón.
A mayor fuerza, más terrorismo.

¿Cómo se puede erradicar el terrorismo con la fuerza militar si los militares no saben dónde se encuentra? No pueden localizarlo, por que reside en el corazón humano. Cuanta más fuerza militar se utiliza, más terroristas se crean tanto en el propio país como en los otros.

Impresiones sensoriales: son comida.
Estímulos externos son importantes.

La segunda clase de comida de la que el Buda nos habló son las impresiones sensoriales. Comemos con los seis sentidos: los ojos, la nariz, la lengua, el cuerpo y la mente. Un programa de televisión es comida; una conversación es comida; la música es comida; el arte es comida; las vallas publicitarias son comida. Cuando conduces por la ciudad, estás consumiendo todas estas cosas sin darte cuenta y sin tu consentimiento, y además te impregnas de los mensajes que te transmiten. Te alimentas de lo que ves, tocas y oyes.


Deseo es un alimento.
Da energía y fuerza.

El deseo es una clase de alimento que nos nutre y da energía. Si tienes un deseo saludable, como el de proteger la vida, el entorno o llevar una vida sencilla en la que tengas tiempo de ocuparte de ti y de los seres queridos, tu deseo te proporcionará felicidad. Pero si persigues el poder, el dinero, el sexo y la fama, pensando que te harán feliz, estás consumiendo una clase de alimento muy peligroso y te producirá mucho sufrimiento. Para ver que es cierto sólo has de mirar a tu alrededor.
Puedes visitar también: www.budistas.blogspot.com en donde he incluido un nuevo post sobre "por qué ser buenos", con consejos del escritor budista Sherwin L. By

http://img375.imageshack.us/img375/9874/amdivider15111eu2.jpg

Puedes visitar a Javier en sus blogs:

COCINA PARA SANAR LAS EMOCIONES
PAGINA DE SALUD NATURAL DE JAVIER AKERMAN
BUDISMO ZEN
EL RINCON DE LA SALUD Y LA VIDA SANA



Pinchando en el título de esta entrada llegas directo al blog de Javier.
NO TE LO PIERDAS!



30 abr 2008

PEQUEÑOS CONSEJOS PARA SER...UN POCO MÁS FELICES

Si te vas a calentar, que sea al sol. Si vas a engañar, que sea a tu estómago, o al menos por tu felicidad. Si vas a llorar, que sea de alegría. Si vas a mentir, que sea sobre tu edad. Si vas a robar, que sea un beso. Si es para perder, que para perder el miedo. Y si tienes hambre, que sea de amor. Si es para ser feliz... ¡Que sea todo el tiempo!!!

Hechos sobre los que debemos reflexionar:

1. Por lo menos 5 personas en este mundo te aman, tanto, que darían la vida por ti. Que no lo veas no significa que estén ahí.

2. Por lo menos 15 personas en este mundo te quieren de alguna manera.

3. La única razón por la que alguien te pudiera odiar es porque quiere ser como tú. Si es porque le has hecho daño...repáralo, es la mejor medicina para el alma.

4. Una sonrisa tuya puede traer felicidad a cualquiera, aunque no le caigas bien o no te conozca.

5. Cada noche, alguien piensa en ti antes de dormir.

6. Para alguien significas "el mundo".

7. Si no fuera por ti, alguien no estaría vivo probablemente.

8. Eres especial y único, en lo bueno y en lo malo.

9. Alguien que no sabes ni siquiera que existe, te ama.

10. Cuando piensas que cometiste el error mas grande del mundo, algo bueno viene de ese error si reflexionas sobre él y decides intentar no volver a cometerlo.

11. Cuando pienses que no tienes oportunidad de conseguir lo que quieres, probablemente no lo tendrás, pero si crees en ti mismo, tarde o temprano lo tendrás o al menos la satisfacción del camino intentado.

12. Siempre recuerda los cumplidos que has recibido. Olvida los malos, son un "veneno".

13. Di siempre lo que sientes por él o ella, te sentirás mucho mejor después de que lo sepa.

14. Si tienes un gran amigo, tómate tu tiempo para hacerle saber lo grande que es.

15. Haz cada día un acto desinteresado por alguien. No alardees de ello. Guárdalo en tu corazón y goza interiormente de la felicidad que has proporcionado.

Envía estos consejos a toda la gente que aprecies. No tendrás buena suerte ni el amor tocará a tu puerta en dos minutos, pero le iluminarás el día a alguien y, probablemente, hasta puedas cambiarle la perspectiva que tiene acerca de la vida a una mucho mejor.
Recuerdo que hace años, un joven paciente me comentó en la consulta: "Estaba desesperado, tenía la firme intención de suicidarme y no creía en nada ni en nadie. Una noche, en medio de mi desesperación, recibí una llamada de un amigo mío que no veía desde hacía años. Simplemente me dijo que me llamaba para que supiese lo mucho que significaba para él, pues años atrás, unas palabras de ánimo que yo ni recordaba haberle dicho, fueron el bálsamo curativo a una crisis existencial muy fuerte por la que estaba pasando. Emocionado, finalizó con estas palabras: Gracias amigo, eres la mejor persona que he conocido, y esa sencilla expresión de sincero afecto me hizo salir del pozo de la desesperación y probablemente me salvó la vida".
Nunca olvidaré la historia de este paciente.
Queridos amigos y amigas, ¡que sencillas son las mejores soluciones!