Cuando preferiría estar completamente sola en la ingravidez del océano, en la profundidad del azul inmenso casi oscuridad como la que reflejan mis ojos tan salados como el mar pues siento que todo se presenta hoy como una burla inevitable, una mala broma que se va volviendo violenta en mi interior y mi espíritu se va armando hasta los dientes y apenas son las 10 a.m. y las horas irán pasando y los minutos volarán llenos de sangre, de ira, de rabia contenida, de un grito agarrotado que apenas deja pasar el aire y las palabras salen heridas de arena, de tierra amarga, de resequedad, de acritud y se acumularán muchas como gente que quiere subir a un tren y no puede porque no hay cupo...y cuando hagan tanta fuerza que logren el suficiente empuje para lograr su cometido estallará la contención y todo eso que guardado a fuerza de poca voluntad saldrá disparado como balas de fuego, a conciencia, directo al blanco y...
TODO MORIRÁN AL ATARDECER
como ya lo he decidido.
by Verónica Curutchet
Buscar este blog
Mostrando las entradas con la etiqueta MIS CUENTOS BREVES. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta MIS CUENTOS BREVES. Mostrar todas las entradas
12 mar 2019
28 jun 2016
Epílogo 1
Hay tanto vacío algunos días, tanto que de tanto es rutina insoportable. Sin sonidos, sin detalles, sin el calor del abrazo del amante. Y las sensaciones flotan, y allí se quedan: flotando, como botes a la deriva en un mar bravo. ¡ay, si yo pudiera cortar ese hilo invisible que las mantiene encadenadas a mi alma con grilletes de pesadumbre azul! (Sería feliz de olvidar algunas cosas…) Huellas tatuadas en sepia algunas, otras coloridas, alguien que se marchó dando un portazo y al final, un compendio de llantos de derrota. En la noche la centella parte el cielo tormentoso; el escalofrío de tu ausencia, como un rayo, parte el tronco de mi femineidad y al comienzo del amanecer mis ojos turbios te recuerdan llegando al epílogo de mi vida.
© Verónica Curutchet
© Verónica Curutchet
31 jul 2009
◙◙◙◙◙◙ EL ALBA ◙◙◙◙◙◙
La noche había sido larga y el insomnio había ganado la batalla. En medio de la soledad de una casa gigantesca, la niña susurraba a los duendes y les preguntaba dónde estaba el sol porque la oscuridad la asustaba. Los duendes le dijeron que se asomara a la ventana , que mirara hacia el este, allá, donde una tenue luz rosada aparecía haciendo del horizonte una pintura extraordinaria.
La pequeña descorrió las cortinas de la ventana de su habitación azul, y se asomó al abrirla.
Allá en el horizonte lejano la luz rosada que el duende le había señalado estaba transformándose en miles de colores: azules, dorados, rosados, blancos.
La silueta del sol comenzaba a aparecerse como una bola de fuego incandescente luchando y luchando por subir al cielo azul.
Las seis de la mañana, y el alba como un milagro apareciendo por su ventana.
Ya más alto en el horizonte el sol la saludó y por fin, el insomnio que ella padecía desapareció...
La pequeña se durmió al alba ya acompañada por la luz del sol.
La pequeña descorrió las cortinas de la ventana de su habitación azul, y se asomó al abrirla.
Allá en el horizonte lejano la luz rosada que el duende le había señalado estaba transformándose en miles de colores: azules, dorados, rosados, blancos.
La silueta del sol comenzaba a aparecerse como una bola de fuego incandescente luchando y luchando por subir al cielo azul.
Las seis de la mañana, y el alba como un milagro apareciendo por su ventana.
Ya más alto en el horizonte el sol la saludó y por fin, el insomnio que ella padecía desapareció...
La pequeña se durmió al alba ya acompañada por la luz del sol.
© Verónica Curutchet
¡Que pases un hermoso fin de semana!
19 may 2008
Epílogo 1
Hay tanto vacío algunos días, tanto que de tanto es rutina insoportable. Sin sonidos, sin detalles, sin el calor del abrazo del amante. Y las sensaciones flotan, y allí se quedan: flotando, como botes a la deriva en un mar bravo. ¡ay, si yo pudiera cortar ese hilo invisible que las mantiene encadenadas a mi alma con grilletes de pesadumbre azul! (Sería feliz de olvidar algunas cosas…) Huellas tatuadas en sepia algunas, otras coloridas, alguien que se marchó dando un portazo y al final, un compendio de llantos de derrota. En la noche la centella parte el cielo tormentoso; el escalofrío de tu ausencia, como un rayo, parte el tronco de mi femineidad y al comienzo del amanecer mis ojos turbios te recuerdan llegando al epílogo de mi vida.
25 abr 2008
El Atardecer

El fin de la tarde se acerca a pasos grandes. Las horas tranquilas y solitarias que preceden el atardecer que cada día llega acumulandosensaciones. Un día que comienza a terminar entre colores brillantes. El cielo que cambia, la luz que se transforma...
El sol, inmenso, majestuoso, rey del cielo, comienza a descender en el horizonte lejano y los sentimientos resurgen en su esplendor, se hacen intensos, más profundos; la vida que sigue interminable, y espera el momento de solaz, cuando el sol decide irse para dar paso a su amada luna. Atardecer en un lugar en calma, el alma que se eleva y recorre las distancias para atrapar al sol y su calor. Para conservar la imagen del cielo entre dorados y violetas, y guardar en el recuerdo los rayos que se distinguen en el morir del día. Un día más. Un nuevo atardecer.
Verónica Curutchet
Buenos Aires, 2000-.
20 abr 2008
ABANDONO (MINICUENTO)
El cielo nocturno se pobló de nubes y se erizaron sus venas resplandecientes destrás de cada trueno.
Una mano invisible abrió un hueco en mi pecho y estrujó mi corazón hasta exprimirlo.
El ángel de la muerte levantó mis restos y con ellos hizo una fogata mientras mi yo inmortal se llenaba de cenizas. Luego me miró, sonrió, y en vez de mostrarme el camino me abandonó en la penumbra del olvido.
Una mano invisible abrió un hueco en mi pecho y estrujó mi corazón hasta exprimirlo.
El ángel de la muerte levantó mis restos y con ellos hizo una fogata mientras mi yo inmortal se llenaba de cenizas. Luego me miró, sonrió, y en vez de mostrarme el camino me abandonó en la penumbra del olvido.
13 abr 2008
Palabras en el abismo
Cada palabra cae de mi cerebro a un abismo negro que, como camino incierto, las recibe marchitas y doradas en un otoño eterno.
El dolor me cruza a cada lado, latigazos de ausencia me muelen el espíritu… y sigo caminando en el abismo, deshojando palabras, versos, recitando rosarios, advirtiendo trémulamente el paso del tiempo y del silencio sin poder mover una sóla fibra de mi cuerpo que duerme, medita y se pierde en espacio astral.Mis palabras pierden el sonido, hablo con muertos míos y muertos desconocidos, me ofrecen regalos, tentaciones, luces de colores, perlas y guijarros, pero no me detengo, sigo. Busco un solo rostro en medio de este cielo (o de este infierno) y no logro encontrarlo ni nombrarle porque cuando intento decir su nombre mis palabras retornan al abismo como hojas marchitas y doradas en un otoño eterno.
Martes, 23 de agosto de 2005-.
Buenos Aires, Argentina.
7 abr 2008
Dispárenle al mono (2002)
El pobre Ripley estaba agotado. Horas de viaje en la bodega de un avión y al llegar a tierra se encontró en medio de África.-No te preocupes Ripley, que ahora comienza la diversión.
Chesterton era un hombre que había probado todos los vértigos, todas las sensaciones y había recorrido el mundo en busca de aventuras.Esta vez, con un pequeño arreglo de dinero, logró sacar a Ripley de una cárcel de alta seguridad de Inglaterra.
- Bien, señor asesino de niños, a caminar.
Las horas pasaron, el calor sofocante los consumía y Ripley, el pobre Ripley hacía horas que no tomaba una gota de agua.
Llegaron a la montaña y se instalaron cerca del territorio de los gorilas de montaña.
- Anderson, dale comida y agua al asesino y dile que la carrera comienza en una hora.
Anderson, un pobre mequetrefe ambicioso y lameculos, le dio de comer a Ripley y lo lanzó a la selva sin armas, sin machete, sin anda, así, casi como Dios lo había mandado al mundo y le sugirió ásperamente que comenzara a correr y que, si por casualidad, se encontraba con un gorila se tirara al piso y se quedara quieto si no quería morir en manos de una bestia del tamaño de una montaña.
Ripley comenzó a moverse, se movió durante toda la noche aunque su cuerpo le pedía descanso. El amanecer trajo lluvia y hambre a su estómago pero siguió en movimiento.
Un gorila hembra se atravesó en su camino y el asesino se tiró al piso y se mantuvo quieto, el simio lo ignoró.
- ¡¡Ripley!!!- se escuchaban los gritos de Chesterton
“Pum” “Pum” “Pum”
- ¡Vamos! Anderson, Castro, Shnneider, ¡dispárenle al mono!
Ripley se deslizó por la jungla y su rastro fue hallado por los cazadores.
Nunca se supo nada más de él, pero en las noticias de los periódicos africanos, los titulares hablaban de una matanza de gorilas de montaña.
© 2002 -Verónica Curutchet
cuento minicuento relato narrativa historia narración wilheminaqueen blog acción
25 feb 2008
Suicidio (Minicuento)
Detrás de las paredes
Que ayer te han levantado
Te ruego que respires todavía…
SUI GENERIS
Que ayer te han levantado
Te ruego que respires todavía…
SUI GENERIS
Acabó el día plagado de ebriedades. Había comenzado con un brandy mezclado con café con leche (un asco) pero tenía que disimular. La pasión y el amor que una vez anidaba en mi corazón se fueron tras tus pasos luego del engaño.
Los golpes de mi padre aún no cesaban, aún no sabía cómo poner fin a ese castigo. Mi madre se ocupaba de sí misma y mis hermanos “no veían nada”
Me quedé sola con la muerte sentada al lado mío mientras tocaba un nocturno tristísimo de Chopin.
Pensé en algunas cosas, quizás en todas las cosas que ya no tenía, en sentimientos que ya no quedaban ni se alojaban en mi alma, en mi mente perturbada, en mi suplicio, en la nada que han dejado tantos espacios vacíos, tantas muertes.
Estaba sola, desamparada, denigrada a un ente autista sin vida propia, sumergida desde los albores del día hasta el surgimiento de la noche en los vahos del alcohol.
Decidí irme, por tercera vez.
El sonido del percutor no me gustaba, así que desistí de ´44: “Hay que irse sin armar barullo y sin ensuciar nada”.
No me gusta el olor de la sangre, así que el corte quedó descartado. Por fin, luego de cavilar, tomé los tranquilizantes y la botella de whisky.
Me dormí, me fui pero me encontraron…
Todo vuelve a comenzar.
12 feb 2008
Inmortal (Minicuento)
Con las uñas rotas y la piel gris salí de la tierra dando manotazos, mis ojos no reconocían el cielo nublado, ni las nubes, ni las estrellas, ni la tierra; me descubrí no-muerta pero muerta con sed creciente y deseos inconfesables, sola en un mundo que no es mío y que podría ser mi reino…
La ropa carcomida por la humedad de la tierra el cuerpo intacto pero frío… ¡tanto frío!, tanto que sentí dolor en las venas y volví a meterme y a cerrar la tapa. MI ÚNICO REFUGIO, casa de inmortales diseminados en el subsuelo.
Soy la única – pensé- que tiene una cama de seda en el cofre más caro del cementerio.
¿Cuándo fue que estuve viva?
Volví a salir y me quité de encima los harapos, el pobre vigilante vio correr por el camposanto un cuerpo esbelto, completamente desnudo y gritó desesperado, intentando detenerme.
-Señorita –dijo- tome este abrigo que hace frío.
Tomé el abrigo viejo que me ofrecía y lo abracé tiernamente y me comí su vida.
Al fin supe quién era y salí al mundo: hambrienta, nueva, fuerte, no-muerta pero tampoco viva.
La ropa carcomida por la humedad de la tierra el cuerpo intacto pero frío… ¡tanto frío!, tanto que sentí dolor en las venas y volví a meterme y a cerrar la tapa. MI ÚNICO REFUGIO, casa de inmortales diseminados en el subsuelo.
Soy la única – pensé- que tiene una cama de seda en el cofre más caro del cementerio.
¿Cuándo fue que estuve viva?
Volví a salir y me quité de encima los harapos, el pobre vigilante vio correr por el camposanto un cuerpo esbelto, completamente desnudo y gritó desesperado, intentando detenerme.
-Señorita –dijo- tome este abrigo que hace frío.
Tomé el abrigo viejo que me ofrecía y lo abracé tiernamente y me comí su vida.
Al fin supe quién era y salí al mundo: hambrienta, nueva, fuerte, no-muerta pero tampoco viva.
11 feb 2008
La Casa Abandonada
Sábado a la tarde en un pueblito perdido en el mapa. Nada para hacer, nada que ver de nuevo, nada de nada.
A las tres de la tarde el aburrimiento era total.
- ¿Y si vamos a caminar por el Prado? – preguntó Julio con algo de entusiasmo.
Todos se miraron y con una sonrisa Beatriz los animó a todos.
-Vamos!
El sol de otoño pegaba en la carretera. No hacía frío y estaba genial para caminar.
Nos fuimos. Haciendo bromas y chistes subidos de tono que yo no entendía porque tenía seis años, me llevaron porque no tenían más remedio que cargar conmigo, si no me hubieran dejado en casa y se hubieran ido solos a la caminata.
Dimos la vuelta por atrás del Hotel del Prado y llegamos a una casa que estaba abandonada. Y como no tuvieron mejor idea, entramos.
La casa estaba metida en el terreno, delante había un jardín con árboles todo descuidado; en la entrada que servía de entrada para autos había un montón de ramas secas y espinosas que impedían el paso, pero a nosotros no nos hizo mucho efecto porque a pesar de las espinas nos metimos en la casa.
- Esto es una porquería – dijo Graciela, haciendo una sobreactuación como era su costumbre -.El olor es repugnante, parece que esta casa fuera el baño público del pueblo.
- No seas tarada- le dijo Beatriz -, ¿qué esperabas, que hubiera un recibidor con un mayordomo esperando a que le des tu abrigo?
- Bueno, nena, no seas así, sabés que se me revuelve el estómago con estos olores. Además mirá, hay mierda por todos lados.
- Y sí – acotó Gustavo – imaginate que esto debe ser el refugio de los famosos caminantes con que nos asustan los viejos. Se deben de quedar acá a pasar la noche y es obvio que el baño no sirve, fijate. Está todo tapado de porquería – y se rió a carcajadas mientras que Graciela casi se desmaya de la impresión.
La verdad que la casa como construcción dejaba mucho que desear y además como casa abandonada también era un desilusión completa. Si de eso hasta yo, que tenía seis años, me había dado cuenta. Los seguí cuarto tras cuarto. La cocina era una pocilga, como el baño. Había una pieza grande que sería la sala de estar porque había una chimenea cayéndose a pedazos y aún con restos de leña quemada. Quien hubiera estado en esa casa por última vez haciendo un fuego se había hecho un verdadera fogata porque las paredes estaban todas tiznadas.
- Beatriz –dije tirándole del pantalón – me quiero ir.
- No te preocupes, es una casa abandonada, no hay nadie, no pasa nada.
- No. Me quiero ir. ¡Me quiero ir! – grité.
Julio se acercó y me dio la mano. No salimos de la casa, pero por lo menos no me dejaban rezagada. Me quedé con mi hermano durante todo el recorrido.
El hermano de Graciela se había escondido. Lo llamaron hasta que se les agotaron las fuerzas.
- Gustavo!
- ¡Gustavo! – todos al unísono.
- ¡Gustavo! – gritó Graciela con desesperación.
- Ah, no te preocupes que debe estar por hacernos una broma – dijo Julio contento, esperando que Gustavo hiciera algo espectacular como era su costumbre. Pero pasaban los minutos y Gustavo no aparecía.
- Vamos a separarnos – ordenó Ariel -, y busquemos en toda la casa a ver en dónde mierda está este pedazo de idiota.
- Bueno.
- Beatriz, buscá en la cocina y en el patio de atrás – daba instrucciones Ariel.
- Graciela vos buscá en las habitaciones de abajo.
- Julio, andá arriba, ahí todavía no fuimos así que es posible que esté escondido allá para asustarnos.
- ¿Pero qué hago con Vero?
Todos me miraron como si fuera una molestia.
- Bueno, que se quede acá – contestó Ariel.
- No, no la dejo sola, me la llevo al segundo piso conmigo; si pasa algo yo la cargo y listo, pero no la pienso dejar sola.
Y así comenzó la búsqueda. Todos separados, lejos uno de los otros y Gustavo que no aparecía por ningún lado.
Media hora después estaban todos reunidos delante de la chimenea. Sin haber tenido resultados comenzaron a desesperar. Yo no entendía mucho porque la verdad poco me interesaba dónde se habría metido el hermano de Graciela, en cambio me preocupaba que ya había empezado a oscurecer y estábamos lejos de casa. Me sentía segura con mi hermano, pero los demás no me daban confianza. Estaban asustados.
- Julio, ¿qué había arriba? – preguntaron todos.
- Nada - dijo - . Armarios y esas cosas, se ve que la gente que vivía acá se fue y dejó todo arriba. Están todos los muebles amontonados en las piezas de allá y hay otro baño más grande y sucio como este de acá abajo.
- Bueno, Gustavo no aparece, y mis padres nos van a matar a palos si se enteran que vinimos a este cuchitril.
- No jodas Graciela, seguro está escondido en algún armario de arriba. No se puede haber desaparecido así como así. Ya sabemos cómo es Gustavo. Le gustan las bromas pesadas,
- Sí, pero es raro, ya debería habernos dado un buen susto, pasó mucho rato. Algo pasó –decía pensativa Beatriz.
Beatriz, que había revisado el patio, le pareció extraño que hubiera un aljibe sin tapa, pero como le tenía miedo a los pozos no se asomó. Y le comentó a los demás lo del aljibe.
- Mejor vamos ahora que todavía tenemos luz y nos fijamos si este tonto no se ha caído al pozo – dijo Ariel.
Fuimos todos hasta el dichoso aljibe y Ariel y Julio se asomaron, pero el aljibe estaba seco y abajo aunque era profundo no había nadie. Sin saber qué hacer regresaron a la pieza de la chimenea.
- Yo no me voy de acá hasta que aparezca mi hermano.
- Graciela, Gustavo no está en ningún lado, mejor nos vamos, ya es casi de noche y está haciendo frío.
- Ariel, mis padres me van a matar!
- Mirá si nosotros estamos acá desesperados buscándolo y resulta que tu hermanito está tomando mate en tu casa con tu viejo – decía Julio tratando de animar a Graciela.
- No sé, no sé... Bueno, vamos, tal vez tenés razón y está en casa.
Salimos de allí caminando con el rabo entre las patas porque íbamos a tener que decirles a nuestros padres dónde habíamos estado; hacía horas que habíamos salido de paseo. Y seguro nos iban a poner en capilla ni bien supieran dónde nos habíamos ido de paseo. Bueno, las cosas ya estaban hechas, y solo esperábamos que Gustavo estuviera en la casa sano y salvo.
Caminamos la media hora de regreso en completo silencio. Primero pasamos por lo de Graciela y qué sorpresa tuvimos cuando vimos a Gustavo tomando mate con su padre en el patio de la casa.
Ariel le dio un tortazo de mentira en la cabeza y le dijo:
- ¿Qué ricos mates, no?
- Sí – dijo Gustavo muerto de risa.
Al fin, nos salvamos de tener que decir dónde habíamos ido y cada uno se fue a su casa tranquilo. Beatriz, Julio y yo fuimos a los saltos por la calle y Ariel se fue tranquilo, a paso lento bajos las luces de los faroles del pueblo. Tenía que caminar un buen trecho para llegar a su casa.
Cuando llegamos a casa mamá nos esperaba con la merienda: café con leche con tostadas , manteca y miel, y una torta de chocolate y vainilla que siempre hacía porque nos gustaba mucho.
Nos sentamos a merendar y Beatriz me hacía señas de que no contara nada. Me sentí feliz porque por primera vez me sentía parte del grupo y le hice un guiño torcido. Beatriz sonrió contentísima y Julio se reía abiertamente. Mamá le preguntó de qué se reía y Julio le dijo:
- De un buen chiste que nos contó el padre de Graciela - y mamá se fue contenta del comedor a ver la novela de la noche.
A fin de cuentas fue un buen sábado. Habíamos tenido una aventura, me sentía feliz. Y esperaba que el domingo fuera igual de bueno. Me fui a bañar a las ocho de la noche. Me metí en la bañera pensando en la casa abandonada y pensaba si se les habría ocurrido a los demás lo mismo que a mí:
- Había que regresar...
A las tres de la tarde el aburrimiento era total.
- ¿Y si vamos a caminar por el Prado? – preguntó Julio con algo de entusiasmo.
Todos se miraron y con una sonrisa Beatriz los animó a todos.
-Vamos!
El sol de otoño pegaba en la carretera. No hacía frío y estaba genial para caminar.
Nos fuimos. Haciendo bromas y chistes subidos de tono que yo no entendía porque tenía seis años, me llevaron porque no tenían más remedio que cargar conmigo, si no me hubieran dejado en casa y se hubieran ido solos a la caminata.
Dimos la vuelta por atrás del Hotel del Prado y llegamos a una casa que estaba abandonada. Y como no tuvieron mejor idea, entramos.
La casa estaba metida en el terreno, delante había un jardín con árboles todo descuidado; en la entrada que servía de entrada para autos había un montón de ramas secas y espinosas que impedían el paso, pero a nosotros no nos hizo mucho efecto porque a pesar de las espinas nos metimos en la casa.
- Esto es una porquería – dijo Graciela, haciendo una sobreactuación como era su costumbre -.El olor es repugnante, parece que esta casa fuera el baño público del pueblo.
- No seas tarada- le dijo Beatriz -, ¿qué esperabas, que hubiera un recibidor con un mayordomo esperando a que le des tu abrigo?
- Bueno, nena, no seas así, sabés que se me revuelve el estómago con estos olores. Además mirá, hay mierda por todos lados.
- Y sí – acotó Gustavo – imaginate que esto debe ser el refugio de los famosos caminantes con que nos asustan los viejos. Se deben de quedar acá a pasar la noche y es obvio que el baño no sirve, fijate. Está todo tapado de porquería – y se rió a carcajadas mientras que Graciela casi se desmaya de la impresión.
La verdad que la casa como construcción dejaba mucho que desear y además como casa abandonada también era un desilusión completa. Si de eso hasta yo, que tenía seis años, me había dado cuenta. Los seguí cuarto tras cuarto. La cocina era una pocilga, como el baño. Había una pieza grande que sería la sala de estar porque había una chimenea cayéndose a pedazos y aún con restos de leña quemada. Quien hubiera estado en esa casa por última vez haciendo un fuego se había hecho un verdadera fogata porque las paredes estaban todas tiznadas.
- Beatriz –dije tirándole del pantalón – me quiero ir.
- No te preocupes, es una casa abandonada, no hay nadie, no pasa nada.
- No. Me quiero ir. ¡Me quiero ir! – grité.
Julio se acercó y me dio la mano. No salimos de la casa, pero por lo menos no me dejaban rezagada. Me quedé con mi hermano durante todo el recorrido.
El hermano de Graciela se había escondido. Lo llamaron hasta que se les agotaron las fuerzas.
- Gustavo!
- ¡Gustavo! – todos al unísono.
- ¡Gustavo! – gritó Graciela con desesperación.
- Ah, no te preocupes que debe estar por hacernos una broma – dijo Julio contento, esperando que Gustavo hiciera algo espectacular como era su costumbre. Pero pasaban los minutos y Gustavo no aparecía.
- Vamos a separarnos – ordenó Ariel -, y busquemos en toda la casa a ver en dónde mierda está este pedazo de idiota.
- Bueno.
- Beatriz, buscá en la cocina y en el patio de atrás – daba instrucciones Ariel.
- Graciela vos buscá en las habitaciones de abajo.
- Julio, andá arriba, ahí todavía no fuimos así que es posible que esté escondido allá para asustarnos.
- ¿Pero qué hago con Vero?
Todos me miraron como si fuera una molestia.
- Bueno, que se quede acá – contestó Ariel.
- No, no la dejo sola, me la llevo al segundo piso conmigo; si pasa algo yo la cargo y listo, pero no la pienso dejar sola.
Y así comenzó la búsqueda. Todos separados, lejos uno de los otros y Gustavo que no aparecía por ningún lado.
Media hora después estaban todos reunidos delante de la chimenea. Sin haber tenido resultados comenzaron a desesperar. Yo no entendía mucho porque la verdad poco me interesaba dónde se habría metido el hermano de Graciela, en cambio me preocupaba que ya había empezado a oscurecer y estábamos lejos de casa. Me sentía segura con mi hermano, pero los demás no me daban confianza. Estaban asustados.
- Julio, ¿qué había arriba? – preguntaron todos.
- Nada - dijo - . Armarios y esas cosas, se ve que la gente que vivía acá se fue y dejó todo arriba. Están todos los muebles amontonados en las piezas de allá y hay otro baño más grande y sucio como este de acá abajo.
- Bueno, Gustavo no aparece, y mis padres nos van a matar a palos si se enteran que vinimos a este cuchitril.
- No jodas Graciela, seguro está escondido en algún armario de arriba. No se puede haber desaparecido así como así. Ya sabemos cómo es Gustavo. Le gustan las bromas pesadas,
- Sí, pero es raro, ya debería habernos dado un buen susto, pasó mucho rato. Algo pasó –decía pensativa Beatriz.
Beatriz, que había revisado el patio, le pareció extraño que hubiera un aljibe sin tapa, pero como le tenía miedo a los pozos no se asomó. Y le comentó a los demás lo del aljibe.
- Mejor vamos ahora que todavía tenemos luz y nos fijamos si este tonto no se ha caído al pozo – dijo Ariel.
Fuimos todos hasta el dichoso aljibe y Ariel y Julio se asomaron, pero el aljibe estaba seco y abajo aunque era profundo no había nadie. Sin saber qué hacer regresaron a la pieza de la chimenea.
- Yo no me voy de acá hasta que aparezca mi hermano.
- Graciela, Gustavo no está en ningún lado, mejor nos vamos, ya es casi de noche y está haciendo frío.
- Ariel, mis padres me van a matar!
- Mirá si nosotros estamos acá desesperados buscándolo y resulta que tu hermanito está tomando mate en tu casa con tu viejo – decía Julio tratando de animar a Graciela.
- No sé, no sé... Bueno, vamos, tal vez tenés razón y está en casa.
Salimos de allí caminando con el rabo entre las patas porque íbamos a tener que decirles a nuestros padres dónde habíamos estado; hacía horas que habíamos salido de paseo. Y seguro nos iban a poner en capilla ni bien supieran dónde nos habíamos ido de paseo. Bueno, las cosas ya estaban hechas, y solo esperábamos que Gustavo estuviera en la casa sano y salvo.
Caminamos la media hora de regreso en completo silencio. Primero pasamos por lo de Graciela y qué sorpresa tuvimos cuando vimos a Gustavo tomando mate con su padre en el patio de la casa.
Ariel le dio un tortazo de mentira en la cabeza y le dijo:
- ¿Qué ricos mates, no?
- Sí – dijo Gustavo muerto de risa.
Al fin, nos salvamos de tener que decir dónde habíamos ido y cada uno se fue a su casa tranquilo. Beatriz, Julio y yo fuimos a los saltos por la calle y Ariel se fue tranquilo, a paso lento bajos las luces de los faroles del pueblo. Tenía que caminar un buen trecho para llegar a su casa.
Cuando llegamos a casa mamá nos esperaba con la merienda: café con leche con tostadas , manteca y miel, y una torta de chocolate y vainilla que siempre hacía porque nos gustaba mucho.
Nos sentamos a merendar y Beatriz me hacía señas de que no contara nada. Me sentí feliz porque por primera vez me sentía parte del grupo y le hice un guiño torcido. Beatriz sonrió contentísima y Julio se reía abiertamente. Mamá le preguntó de qué se reía y Julio le dijo:
- De un buen chiste que nos contó el padre de Graciela - y mamá se fue contenta del comedor a ver la novela de la noche.
A fin de cuentas fue un buen sábado. Habíamos tenido una aventura, me sentía feliz. Y esperaba que el domingo fuera igual de bueno. Me fui a bañar a las ocho de la noche. Me metí en la bañera pensando en la casa abandonada y pensaba si se les habría ocurrido a los demás lo mismo que a mí:
- Había que regresar...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


