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lunes, 4 de febrero de 2008

Carta 2 - Carta Erótica

Mi Querido Señor:

Quiero hurgar tu cuello con mis labios, quedarme allí un momento y morderte, dejarte tan claro como el agua que eres mío y solamente mío…, quiero subirme en tu montura con la mirada puesta al sur de mi hemisferio , abrazar tu dulce cabo entre mis pliegues y quedarme allí yo sola, con tus ojos abrasándome la piel tan quieto en el temblor encallado de mis húmedas oquedades con bríos aún debajo de mi cuerpo que te ahoga…, quiero recorrerte con la lengua y hacer de cuenta que eres hielo y yo vertiente y en tu boca al fin hundirme hasta la muerte en la explosión indecorosa de tu hombría. Hazme tuya diré cual letanía, y en el último jadeo enloquecido susurrar tu nombre que es prohibido para caer rendida en este lecho que cobija tus deseos y los míos. Es una locura ya lo admito, y no me importa nada, es la monomanía que me corre por las venas y corroe las últimas fibras de razón que me sostienen.
Quiero excitar cada tramo de tu cuerpo, hacerlo mío, beberte entero en una noche, agotarte, cabalgarte, acariciarte, ofrecerte cada trozo de mi piel para que hagas con mi cuerpo lo que quieras y sepas, gentilhombre, que lo que sabías en artes amatorias no era suficiente y era poco, y que de pasión te falta cuesta con sudor y doloroso empeño y en mi lecho, Dulce Niño, no tocarás el cielo con las manos, llegarás al universo.

Las Cartas

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AÑORANZAS

Los que se van añoran
el recuerdo de la piel
transitan un pasaje –despojados-
del abrigo de las sensaciones.


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