martes, 10 de noviembre de 2009

The Poems Of Veronica: A DONDE QUIERA QUE VAS



A donde quiera que vas
yo voy tras de ti en sueños,
buscando tu mirar,
buscando tu amor dulce.

Recuerda que estoy aquí,
recuerda que me gustas,
recuerda que te quiero,
recuerda que vivo por ti.

A donde quiera que vas,
allí me encuentras siempre,
porque siempre estoy contigo
y lo hago todo por ti.

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La Imagen Del Día Es...


Michi: un SUERTUDO con ganas de vivir


Este es el gatito de mi hermano. Julio.
Mi hermano le dice Michi (muy original, jaja) yo le digo en mi fuero interno SUERTUDO.

Hoy lo llevé al veterinario porque no hacía cacona y de paso que lo revisaran bien.

Pesa 200 gramos y tiene una garra que ya quisieran muchos humanos tenerla. Una fuerza y unas ganas de vivir UNICAS.

Le hemos comprado una caja de transporte porque mi hermano no sabe nada de anda, él solo está "enamorado" de SUERTUDO y no vive más que por y para él desde que lo encontró en una bolsa junto a sus dos hermanitos en la puerta del negocio donde él trabaja al lado de la basura del día como si fueran deshechos.

SUERTUDO es precioso. Yo estoy feliz de ver a mi hermano feliz. Qué más se le puede pedir a la vida para un hermano?

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Párrafo Perfecto de Arturo Pérez-Recerte



Os aproximáis de nuevo, formas temblorosas que os mostrasteis hace ya mucho tiempo a mi turbada vista. Mas, ¿intento apresaros ahora?, ¿se siente mi corazón aún capaz de semejante locura? Os agolpáis, luego podéis reinar al igual que, saliendo del vaho y la niebla, os vais elevando a mi alrededor. Mi pecho se estremece ju­venilmente al hálito mágico de vuestra procesión.
Me traéis imágenes de días felices, y algunas sombras queridas se alzan. Como a una vieja leyenda casi olvidada, os acompañan el primer amor y la amistad; el dolor se renueva; la queja vuelve a emprender el errático y laberíntico camino de la vida y pronuncia el nombre de aquellas nobles personas que, engañadas por la espe­ranza de días de felicidad, han desaparecido antes que yo.
Las almas a las que canté por primera vez ya no escucharán es­tos cantos. Se disolvió aquel amigable grupo y se extinguió el eco primero. Mi canción se entona para una multitud de extraños cuyo aplauso me provoca temor, y todo aquello que se regocijaba con mi canto, si aún vive, vaga disperso por el mundo.
Me sumo en una nostalgia, que no sentía hace mucho tiempo, de aquel reino de espíritus, sereno y grave. Mi canto susurrante flota como arpa de Eolo; un escalofrío se apodera de mí. Las lágrimas van cayendo una tras otra. El recio corazón se enternece y ablanda. Lo que poseo lo veo en la lejanía y lo que desapareció se convierte para mí en realidad.


JOHANN WOLFGANG VON GOETHE
Fausto