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miércoles, 13 de febrero de 2008

Siento la arritmia golpeándome las venas en una continua y fuerte sucesión de latidos que suenan en mi mente como bombas acompañadas de un dolor extraño que de a ratos me asusta y me oprime el pecho.

Siento un ocultamiento casi colectivo de dos generaciones, una mi madre, otra mi hijo, que han ocultado un viaje. Es increíble pero mi hijo está en Buenos Aires y no ha llamado, ni si quiera avisó que vendría, todo lo ha hecho “ a oscuras” como queriéndonos tener fuera de su vida.

A su abuela, mi madre, le dijo que extrañaba a su hermana, que por eso quería venir a Buenos Aires, y hoy ya hace dos días que está en la Reina del Plata y ni siquiera la ha llamado.

Ya tengo claro que mi hijo me odia, no sé si es una etapa, algo que pasará o simplemente no quiere saber nada conmigo ni con su padre porque somos imperfectos o simplemente como ha dado entender mi madre: unos hijos de puta.

El dolor que siento es inexplicable y acaso haya muy poquitas personas en el mundo que puedan saber cómo la estoy pasando, qué estoy sintiendo y las ganas que tengo de llorar.

Y aunque me dicen que no llore, no puedo. Yo lloro porque no entiendo. Y mira que busco y busco y busco y doy vueltas a ver qué tan mala madre he sido para que Sir Nicholas haga su vida escondiéndose de sus padres y odiándonos.

En este momento está en casa de un amigo, y yo sé que los amigos son muy importantes pero estar en Buenos Aires y ni siquiera a ver llamado para decir “HOLA” a mi me da la pauta de que le importa un soberano rábano saber cómo estamos.

Una prima donde fue a parar Sir Nicholas, me ha dicho que hoy pasará por casa, pero realmente lo dudo y mucho porque si ocultó el viaje ¿de qué forma dará la cara si nunca pudo con sus problemas?

Que le deje crecer me dice Ima, y le dejo, pero me sieguen doliendo las macanas que hace.


Wilhemina, otra vez con lágrimas en los ojos y el corazón dolorido

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