viernes, 6 de junio de 2008

EL DIABLO EN EL CAMPANARIO - EDGAR ALLAN


Vondervotteimittiss es un pueblito holandés del cual no se tiene datos, es decir, ni el más anciano poblador del lugar es capaz de decir cuándo o quién fundó Vondervotteimittiss.
Este pequeño pueblo compuesto por sesenta casitas que dan la espalda a las verdes colinas, todas y cada una de ellas iguales por fuera y por dentro, con relojes de sol y plantación de repollos. Un lugar pintoresco, tranquilo y con ciudadanos aún más pintorescos.
Un anciano mira desde lejos un objeto situado en el Campanario: el gran reloj, orgullo del pueblo. Algo le llamó la atención y como bien es sabido el dicho más popular de los sabios de la localidad es “Nada bueno puede venir del otro lado de las colinas” el anciano se puso en guardia. El pueblo entero se alteró.
Y así fue: nada bueno llegó al pueblo. Un personaje pequeño y extraño apareció justo medio minuto antes del mediodía. El personaje saltó por aquí y por allá y de pronto, ante el asombro de todos los presentes se fue volando al campanario y el campanero, que estaba sentado fumando y fumando casi se desmaya del susto. El misterioso personaje atacó al campanero y mientras esto sucedía todos los pobladores hubieran jurado que se oían bombos y platillos, en la torre de Vondervotteimittiss.
El hombrecillo comenzó a hacer cosillas en el campanario y a cada ding dong de las campanas del reloj cada habitante repetía cada campanada por lo que el lío fue en aumento y mientras este demonio bribón seguía con su tarea, los repollos se volvieron rojos y todos los relojes comenzaron a sonar.
Cada cosa parecida a un reloj no paró de sonar, de las chimeneas salía humo, los gatos, cerdos y demás animales corrían enloquecidos y a través del humo se podía ver al demonio sentado con su gran violín en el regazo y agarrando la soga de las campanas.

“Nada bueno puede venir del otro lado de las colinas”… Y así fue.

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