domingo, 19 de junio de 2011

Milord, My Love,
en el silencio de esta tarde gris se acerca a mí una de las notas más fabulosas de su voz, sí, su risa. Su risa, maravillosa, límpida, luminosa, invitadoramente pícara y seductora..., y vibro como la cuerda del clavicordio que adorna mi biblioteca, en un do sostenido que abarca todo mi universo y humedece mis labios, mi piel, todos mis sentidos y el placer solitario de su recuerdo me agobia, me conmueve y lleva al éxtasis.
Busco en mi cuerpo las huellas de su piel y las revivo, y las disfruto, ¡oh, Mi Amor!, no puedo vivir sin vos recorriéndome en las sombras con sus labios anhelantes, sus manos expertas y su lengua cálida y húmeda deteniéndose en mi ombligo durante unos minutos para seguir su viaje al fin del mundo... hasta llegar al paraíso.
El silencio de esta tarde gris me ha dejado satisfecha en el recuerdo de su voz, de su risa y de todas sus habilidades secretas.

Ardientemente Suya,
Lady A.

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