jueves, 7 de febrero de 2008

He dicho con afán tanta locura, con ferviente vanidad y poca altura, he dicho y hecho cuanto pude en pos de un corazón que no se cura del venenoso amor de otra que en vez de amarlo lo tortura…
Y he sido tonta, lo confieso, por haber bajado el rostro hacia mi pecho, resignándome a verlo desde lejos como un imposible sueño de amor, inquieto, que enlaza pensamientos bien secretos en apasionado rosario de deseos…
No veo, Amor, tus manos en la luna para bajarla del cielo y dársela a tu amada; tampoco veo en sus cabellos una tiara de estrellas y diamantes, ni rubíes en sus dedos entonces grito a toda vos que yo, Pecadora, Te Quiero.
He hecho con empeño un sueño porque regalártelo yo quiero, con un lazo enorme de libertad infinita aunque me carcoman los celos… Acaso, Amor Mío, ¿me has escuchado alguna vez decirte que te quiero?
He dicho tanta insensatez, tanta locura, que si la muerte llegara hoy a mi puerta le diría al Diablo que espera en el Infierno: «Deja que ésta vaya al cielo pues en su lecho ha purgado sus anhelos»
¿¡Y a dónde iré, Mi Amor, si ni el Diablo me quiere en su morada, si la muerte me mira con desprecio y lástima y los Ángeles en el cielo ya no cantan!?
¡Te Quiero! ¿Te lo he dicho?…Y de qué me sirve quererte si por quererte yo me muero y este amor me condena eternamente a verte sorber de aquel veneno que la moza que duerme en tu cama, ésa que dice ser tu amada, coloca silenciosamente bajo tu almohada…
He sido tonta y loca y muchas cosas y volvería a serlo y a hacerlas todas para tener de ti tan sólo una mirada en la distancia. No cierres los ojos antes que los míos que quiero partir primero mirándote y queriéndote ¡no te atrevas a irte sin mí, te lo prohíbo! Porque sabes, Mi Amor, que una vida sin ti sería peor que caer en el olvido.

Te quiero aunque no te importe y no me veas…
¡te quiero!
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