jueves, 16 de junio de 2011

 
Milord,
Estamos tan cerca y tan lejos. Termina el día tan tarde…, y lo he pasado esperando la llegada del cartero con desesperación y ¡nada! ¿Por qué no me escribe si yo le envío mis sentimientos a diario? ¿Es que sus ocupaciones no le permiten dedicarme cinco breves minutos para plasmar en un papel unas sencillísimas palabras de amor para su querida, que espera en sombras?
Todo me parece gris sin su caligrafía. Gris, vacío, lleno de nada. Soy su luna, siempre oculta en el día y voluptuosa de noche. Puedo mantenerme así eternamente pero no me abandone, se lo ruego.
Necesito las caricias de su voz y el anhelo impetuoso de su mirada.

Lo espero,
Lady A.

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